¿Drogas legales?

La legalización suprimiría radicalmente el lucrativo negocio del tráfico de drogas y el mercado negro en el que está sumergido. Como primera consecuencia, el Estado sería más seguro, se beneficiarían la policía y la justicia que emplean gran parte de sus recursos humanos y técnicos en la lucha contra el narcotráfico y que podrían reutilizar estos medios en otras actividades. Se crearía empleo, ya que derivada del tráfico de drogas surgiría una gran industria, no muy distinta a la del tabaco o a la del alcohol, que crearía numerosos puestos de trabajo. Se evitarían cientos de muertes al año por sobredosis debido a la creación de un mercado regularizado que exigiría controles de calidad, dosis normalizadas y prospectos que indicasen las contraindicaciones y los efectos secundarios del narcótico. Por otro lado, la aparición de esta industria rebajaría enormemente el excesivo precio de las drogas, resultado de su prohibición, sobre todo fruto de los altos costes por el transporte clandestino y los intermediarios. Gracias a esta importante reducción, los toxicómanos no tendrían que delinquir o prostituirse para conseguir su dosis. El Gobierno, por su parte, también saldría beneficiado de una despenalización de las drogas ya que dejaría de gastar dinero en la lucha contra el narcotráfico y además probablemente cobraría un impuesto, al igual que lo hace con las otras drogas blandas, el alcohol y el tabaco.
El Estado tiene el deber de cuidar de sus ciudadanos, pero no puede vigilarlos a todos e impedir que tomen drogas, porque éstas estarán en la calle siempre, y al alcance de cualquiera. La legalización no disminuirá ni evitará el consumo de narcóticos pero si mejorará la situación de sus consumidores que es lo que debería pretender el Estado. Como dice el refrán si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él.
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